Jarvik Koprowski enfiló la carretera desafectada que le marcaba el nanosat incrustado en su muñeca izquierda. La softjet aérea redujo suavemente la marcha y bajó a centímetros del suelo frente a la boca de un túnel de piedra caliza cuya bóveda gótica le hizo emitir un silbido.

—¡Por Uber, no hubiese imaginado que esto existía en Omnípolis!

A los lados crecían plantas; algunas claves de la bóveda habían cedido y yacían en la calzada así que la moto neumática se deslizaba entre ellos en zig zag. El túnel acababa en cul-de-sac. El silencio era sepulcral y le invadió un sentimiento de soledad junto a la nauseabunda sensación de estar atrapado en una ratonera. Un estruendo metálico le confirmó sus temores: una reja de hierro macizo acababa de caer y cerraba la boca del túnel. No tenía escapatoria.

Un destello blanco junto a la bóveda creció y se ensanchó a tamaño humano en 3D. Emergió la silueta de un hombre de 60 años entrado en carnes vestido de una túnica hawaiana, cuya calva estaba flanqueada por una melena rubia desteñida. Se paró junto a él, jocoso.

—Mira a quién tenemos aquí: Jarvik Fist, el terror de los internautas, ¡Ja, ja, ja! exclamó con un acento que trituraba las erres como piedras.

—De los adinerados, si me permite rectificar. ¿Qué quiere de mí esta vez?

—Ah, sí, me consta, Robin Hood tiene su corazoncito, ja, ja, ja, pero hay algo que nos une: a los dos nos gusta la tecnología, y sin bitcoins, nanay, de la China, ¿verdad? ja, ja, ja.

—Dígame de qué se trata; no sé si me va a interesar. La última vez perdí demasiados megapower bits porque me condenaron y ustedes no me ayudaron. Aparte, fastidié la vida de aquellos obreros melanesios…

—Ah, “encore” su corazoncito, Jarv. Le perderá  (seguía triturando las erres) si no tiene cuidado. A veces pensamos que es peligroso, ¿sabe? —meneó la cabeza ladeada— pero no hemos encontrado a nadie con su talento. Además, no puede elegir, ja, ja, ja… Estafó al Komincentral Bank, ¿recuerda?

—Al grano.

—¡Buen chico! Tiene que infectar en 48 horas 5000 redes institucionales y comerciales del planeta. Instituciones de primer nivel, compañías de gas, eléctricas, hospitales, fábricas, oficinas de correos, aeropuertos… la cuestión es crear confusión, infundir miedo e inseguridad. Ataque países como Rusia, Brasil, la Confederación Panamericana por supuesto, para que no parezca fuera del ataque, sobre todo Lusohipania y la Unión Neogermánica. En Eurasia y Neochina Federal, toque escuelas y universidades, ¡Necesitan modernizarse! Ja, ja, ja, ja.

—¿Objetivo?

—No le incumbe.

—¿Infectar con qué fin? ¿sacar información, destruir datos…? Tengo que saber qué herramienta emplear.

—Nada de todo esto. Que cunda el pánico eso es todo. Mire, emplee por ejemplo un secuestrador informático de estos que hacen desparecer los datos hasta que pagas, ja, ja, ja… y de paso se resarce de sus pérdidas. Pero todo en bitcoins, ¿he? Que no se rastree el origen.

Súbitamente la forma en 3D perdió volumen y se esfumó.  la reja de acero subió chirriando.

La atmósfera recargada de un sótano omnipoliense albergaba una docena de pantallas translúcidas que sus operadores, tumbados en la moqueta o sentados en un enorme sofá, operaban desde consolas. Había latas de cerveza empezadas en el suelo, coca colas, restos de hamburguesas y pizzas aparcadas en mesitas y brazos de sillones. Se respiraba una intensa concentración.

—Ya tengo a la red hospitalaria de la Unión Britholandesa; siguen usando la plataforma ZD para ahorrarse software; hay cosas que no cambian, como la racanería sajona.

—Hum… Craqueé una vez un cuento de un tal Faulkner sobre un escoses aviador, un nombre imposible. Ah buena idea, me meto en los aeropuertos pangermanos, ¡Ábrete Sésamo!, huy no te resistas a Papá, preciosidad…

—Una virguería estos Ransom de la NSA mejorados. ¡Qué buena faena hicieron estos chicos de La Sombra para su tiempo!

—Sí, El mítico Eternal Blue de los Shadow Brokers. Mira que robarle a la NSA su propia chatarra para revenderla al mejor postor, había que tener agallas… Guay, encontré una serie de redes ferroviarias encadenadas que me dejan hacer con suavidad, material vetusto, países atrasados, Kirghizistan, Tadjikistan, Turkmenistan, yo que sé… he pillado toda la red encadenada… de China hasta París, ¡chollo!

A la mañana siguiente, Jarvik trae un periódico con los bollos y el café.

—«Ciberataque global, probable boicot a la presentación de la novena reforma de la Nueva Ruta de la Seda en Beijing…» ¡Ah! ja, ja, ja, esto va por tu red ferroviaria en serie, Marvin. Un excitazo, nos vamos a forrar, chicos.

 

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